Nunca subestimen la tendencia a huir de quien son.
Nos pasamos la vida intentando cumplir con las expectativas de los demás respecto a nosotros. Gracias a Dios no lo conseguimos, todavía hay esperanza, pero lo intentamos. Empezamos desde pequeñitos cuando miramos con ansia desmedida y ojos de emoticono a la que dictamina lo adecuado o inadecuado de nuestro comportamiento. Y es ley.
Llegada la madurez biológica no nos va mucho mejor. Varias son las ocasiones en las que nos descubrimos mirando la foto que llevamos en la cartera a la cual nos tenemos que parecer. Alguien hizo bien su trabajo porque yo no recuerdo haberla puesto.
Y es entonces cuando, si pones conciencia, te observas queriendo copiar como le va al otro. Ese otro que también está intentando ser como otro. Siempre otro, siempre el otro, nunca yo. Ojalá alguien hubiera puesto también un poco de arrojo en otro pliegue de mi cartera.
Busquen en la suya y si lo encuentran, tiren la foto y celebren haberse conocido.
Yo seguiré buscando.
Verde agua
jueves, 21 de noviembre de 2013
jueves, 10 de enero de 2013
martes, 7 de agosto de 2012
Letra busca papel donde escribir canción
Si por mi fuera,
te habría arrastrado al fondo de mis ojos
hasta donde cubre.
Hubiera instalado mi
blasón en tu cima,
hubiera adecuado
mi paso a tu aliento.
Si por mi fuera,
habríamos pisado el siguiente momento
al unísono.
Hubiera salido
de mi provincia,
hubieras entrado
en mi territorio.
Si por mi fuera,
te habría llevado a mi hemisferio derecho
para no enumerarnos.
Pero no hay historia sin papel
ni canción sin música.
te habría arrastrado al fondo de mis ojos
hasta donde cubre.
Hubiera instalado mi
blasón en tu cima,
hubiera adecuado
mi paso a tu aliento.
Si por mi fuera,
habríamos pisado el siguiente momento
al unísono.
Hubiera salido
de mi provincia,
hubieras entrado
en mi territorio.
Si por mi fuera,
te habría llevado a mi hemisferio derecho
para no enumerarnos.
Pero no hay historia sin papel
ni canción sin música.
sábado, 7 de julio de 2012
Castillo interior
Oigo al niño que llora en tí,
pero no lo veo.
Me llega el llanto desconsolado a la hora de comer, sin plato en la mesa.
Siento soledad acostumbrada, sin nadie con quien jugar.
Palpo miedo a la oscuridad, en un espacio que jamás vio la luz.
Pero no te veo.
Un grueso muro de piedra y arena creen protegerte, pero te aislan.
Un puente levadizo en trampantojo te decora, pero te oscurece.
Un foso seco de cariño te ayuda a respirar, pero te ahoga.
Te recorro con todos mis sentidos,
pero no te veo.
Te busco en las almenas de tus ojos,
en la barbacana de tus gestos,
en el patio de armas de tu discurso.
Te busco en el emblema de tu sueño,
en el foso de tu distancia,
en la torre del homenaje de tu esencia.
Pero no te veo.
Sólo cuando encuentro la puerta sin cerradura
de tu castillo interior,
comprendo que es para ser abierta desde dentro.
Y es entonces cuando,
cansada de ansiar tu encuentro,
cierro mis ojos de búsqueda
y me siento sobre las raíces
del viejo olmo de la esperanza.
Y entonces te veo.
pero no lo veo.
Me llega el llanto desconsolado a la hora de comer, sin plato en la mesa.
Siento soledad acostumbrada, sin nadie con quien jugar.
Palpo miedo a la oscuridad, en un espacio que jamás vio la luz.
Pero no te veo.
Un grueso muro de piedra y arena creen protegerte, pero te aislan.
Un puente levadizo en trampantojo te decora, pero te oscurece.
Un foso seco de cariño te ayuda a respirar, pero te ahoga.
Te recorro con todos mis sentidos,
pero no te veo.
Te busco en las almenas de tus ojos,
en la barbacana de tus gestos,
en el patio de armas de tu discurso.
Te busco en el emblema de tu sueño,
en el foso de tu distancia,
en la torre del homenaje de tu esencia.
Pero no te veo.
Sólo cuando encuentro la puerta sin cerradura
de tu castillo interior,
comprendo que es para ser abierta desde dentro.
Y es entonces cuando,
cansada de ansiar tu encuentro,
cierro mis ojos de búsqueda
y me siento sobre las raíces
del viejo olmo de la esperanza.
Y entonces te veo.
jueves, 5 de julio de 2012
viernes, 22 de junio de 2012
miércoles, 20 de junio de 2012
Recién parida pero sin madre
Nos morimos en vida cuando sentimos que no tenemos nada que dar. Cuando nuestra presencia es invisible y sólo nos resta estar presente como energía sin cuerpo. Estamos pero no somos. Somos pero no estamos. Y a la vez.
Es entonces cuando el mundo se vuelve un sitio hinóspito para vivir. Cuando se nos antoja que sólo nos queda pasear nuestro cuerpo de corcho a deshora, alejándonos del camino trillado. Cuando comer a la hora de cenar y desayunar a las tres es lo único que tiene sentido. La niebla es tal, la sensación de abandono está tan presente, que sólo acordarnos de quien quisimos y no está nos conecta con la única vida que podemos imaginar. La del más allá.
Es entonces cuando, entre ese mar de niebla, te sientas pausadamente en el suelo, bajas pesadamente la cabeza, y decides que vas a hivernar.
Y todo, porque no tienes nada que dar.
Es entonces cuando el mundo se vuelve un sitio hinóspito para vivir. Cuando se nos antoja que sólo nos queda pasear nuestro cuerpo de corcho a deshora, alejándonos del camino trillado. Cuando comer a la hora de cenar y desayunar a las tres es lo único que tiene sentido. La niebla es tal, la sensación de abandono está tan presente, que sólo acordarnos de quien quisimos y no está nos conecta con la única vida que podemos imaginar. La del más allá.
Es entonces cuando, entre ese mar de niebla, te sientas pausadamente en el suelo, bajas pesadamente la cabeza, y decides que vas a hivernar.
Y todo, porque no tienes nada que dar.
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