miércoles, 20 de junio de 2012

Recién parida pero sin madre

Nos morimos en vida cuando sentimos que no tenemos nada que dar. Cuando nuestra presencia es invisible y sólo nos resta estar presente como energía sin cuerpo. Estamos pero no somos. Somos pero no estamos. Y a la vez.

Es entonces cuando el mundo se vuelve un sitio hinóspito para vivir. Cuando se nos antoja que sólo nos queda pasear nuestro cuerpo de corcho a deshora, alejándonos del camino trillado. Cuando comer a la hora de cenar y desayunar a las tres es lo único que tiene sentido. La niebla es tal, la sensación de abandono está tan presente, que sólo acordarnos de quien quisimos y no está nos conecta con la única vida que podemos imaginar. La del más allá.

Es entonces cuando, entre ese mar de niebla, te sientas pausadamente en el suelo, bajas pesadamente la cabeza, y decides que vas a hivernar.

Y todo, porque no tienes nada que dar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario