Si por mi fuera,
te habría arrastrado al fondo de mis ojos
hasta donde cubre.
Hubiera instalado mi
blasón en tu cima,
hubiera adecuado
mi paso a tu aliento.
Si por mi fuera,
habríamos pisado el siguiente momento
al unísono.
Hubiera salido
de mi provincia,
hubieras entrado
en mi territorio.
Si por mi fuera,
te habría llevado a mi hemisferio derecho
para no enumerarnos.
Pero no hay historia sin papel
ni canción sin música.
martes, 7 de agosto de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
Castillo interior
Oigo al niño que llora en tí,
pero no lo veo.
Me llega el llanto desconsolado a la hora de comer, sin plato en la mesa.
Siento soledad acostumbrada, sin nadie con quien jugar.
Palpo miedo a la oscuridad, en un espacio que jamás vio la luz.
Pero no te veo.
Un grueso muro de piedra y arena creen protegerte, pero te aislan.
Un puente levadizo en trampantojo te decora, pero te oscurece.
Un foso seco de cariño te ayuda a respirar, pero te ahoga.
Te recorro con todos mis sentidos,
pero no te veo.
Te busco en las almenas de tus ojos,
en la barbacana de tus gestos,
en el patio de armas de tu discurso.
Te busco en el emblema de tu sueño,
en el foso de tu distancia,
en la torre del homenaje de tu esencia.
Pero no te veo.
Sólo cuando encuentro la puerta sin cerradura
de tu castillo interior,
comprendo que es para ser abierta desde dentro.
Y es entonces cuando,
cansada de ansiar tu encuentro,
cierro mis ojos de búsqueda
y me siento sobre las raíces
del viejo olmo de la esperanza.
Y entonces te veo.
pero no lo veo.
Me llega el llanto desconsolado a la hora de comer, sin plato en la mesa.
Siento soledad acostumbrada, sin nadie con quien jugar.
Palpo miedo a la oscuridad, en un espacio que jamás vio la luz.
Pero no te veo.
Un grueso muro de piedra y arena creen protegerte, pero te aislan.
Un puente levadizo en trampantojo te decora, pero te oscurece.
Un foso seco de cariño te ayuda a respirar, pero te ahoga.
Te recorro con todos mis sentidos,
pero no te veo.
Te busco en las almenas de tus ojos,
en la barbacana de tus gestos,
en el patio de armas de tu discurso.
Te busco en el emblema de tu sueño,
en el foso de tu distancia,
en la torre del homenaje de tu esencia.
Pero no te veo.
Sólo cuando encuentro la puerta sin cerradura
de tu castillo interior,
comprendo que es para ser abierta desde dentro.
Y es entonces cuando,
cansada de ansiar tu encuentro,
cierro mis ojos de búsqueda
y me siento sobre las raíces
del viejo olmo de la esperanza.
Y entonces te veo.
jueves, 5 de julio de 2012
viernes, 22 de junio de 2012
miércoles, 20 de junio de 2012
Recién parida pero sin madre
Nos morimos en vida cuando sentimos que no tenemos nada que dar. Cuando nuestra presencia es invisible y sólo nos resta estar presente como energía sin cuerpo. Estamos pero no somos. Somos pero no estamos. Y a la vez.
Es entonces cuando el mundo se vuelve un sitio hinóspito para vivir. Cuando se nos antoja que sólo nos queda pasear nuestro cuerpo de corcho a deshora, alejándonos del camino trillado. Cuando comer a la hora de cenar y desayunar a las tres es lo único que tiene sentido. La niebla es tal, la sensación de abandono está tan presente, que sólo acordarnos de quien quisimos y no está nos conecta con la única vida que podemos imaginar. La del más allá.
Es entonces cuando, entre ese mar de niebla, te sientas pausadamente en el suelo, bajas pesadamente la cabeza, y decides que vas a hivernar.
Y todo, porque no tienes nada que dar.
Es entonces cuando el mundo se vuelve un sitio hinóspito para vivir. Cuando se nos antoja que sólo nos queda pasear nuestro cuerpo de corcho a deshora, alejándonos del camino trillado. Cuando comer a la hora de cenar y desayunar a las tres es lo único que tiene sentido. La niebla es tal, la sensación de abandono está tan presente, que sólo acordarnos de quien quisimos y no está nos conecta con la única vida que podemos imaginar. La del más allá.
Es entonces cuando, entre ese mar de niebla, te sientas pausadamente en el suelo, bajas pesadamente la cabeza, y decides que vas a hivernar.
Y todo, porque no tienes nada que dar.
sábado, 16 de junio de 2012
¿Por qué están reñidos el dinero y el tiempo?
Eres mi fijo discontínuo.
Eres mi aventura por empezar.
Eres mi deseo sin retorno.
¿Cómo es que nunca te encuentro?
¿Cómo es que cuando llego ya no estás?
¿Cómo es que sólo sé de tí por tu sombra?
Sólo en la elección está el camino.
Sólo en el camino está el destino.
Sólo el destino te elige.
¿En qué momento decidimos separarnos?
¿En qué momento decidimos no amarnos?
¿En qué momento decidimos darnos la espalda?
Cuando tu sales, yo me escondo.
Cuando yo me escondo, tu sales.
Eres mi sol, yo soy tu luna.
Eres mi aventura por empezar.
Eres mi deseo sin retorno.
¿Cómo es que nunca te encuentro?
¿Cómo es que cuando llego ya no estás?
¿Cómo es que sólo sé de tí por tu sombra?
Sólo en la elección está el camino.
Sólo en el camino está el destino.
Sólo el destino te elige.
¿En qué momento decidimos separarnos?
¿En qué momento decidimos no amarnos?
¿En qué momento decidimos darnos la espalda?
Cuando tu sales, yo me escondo.
Cuando yo me escondo, tu sales.
Eres mi sol, yo soy tu luna.
viernes, 1 de junio de 2012
Banco de amor
Una de mis íntimas amigas me hacía una vez una reflexión: ¿has pensado alguna vez la de amor desperdiciado que hay?.
Tenemos en estima a personas o más bien, nos enamoramos de personas que a su vez están enamoradas de otras personas, que a su vez están enamoradas de otras o de sí mismas...y a su vez se enamoran de nosotros personas por quien no sentimos ningún cariño especial, más allá de la ofensiva cordialidad.
A dónde va a parar todo ese amor desperdiciado? a dónde va a parar toda esa energía perdida? quiero pensar que en algún lugar existe un banco de amor no correspondido al que acudir cuando queramos pedir un préstamo de atención y cariño. Ese que no nos damos cuando invertimos en proyectos sin capital ni accionistas. Ese que nos restamos cada vez que esperamos lo que no es posible.
Seríamos capaces de pagar intereses de ego antes que tener que cerrar la compuerta de nuestro embalse de amor. Ese lugar que llenamos a base de necesidad de querer, de ilusiones generadas de la nada, de espejismos de realidad y que sin encomendarnos ni a dios ni al diablo vaciamos por alguien porque sí.
Si tan sólo supiéramos cerrar esa compuerta...quizás no haría falta que existiera ningún banco del amor no correspondido. Mientras tanto, esperemos que este también lo rescaten.
Qué caro es querer en tiempo de crisis.
Tenemos en estima a personas o más bien, nos enamoramos de personas que a su vez están enamoradas de otras personas, que a su vez están enamoradas de otras o de sí mismas...y a su vez se enamoran de nosotros personas por quien no sentimos ningún cariño especial, más allá de la ofensiva cordialidad.
A dónde va a parar todo ese amor desperdiciado? a dónde va a parar toda esa energía perdida? quiero pensar que en algún lugar existe un banco de amor no correspondido al que acudir cuando queramos pedir un préstamo de atención y cariño. Ese que no nos damos cuando invertimos en proyectos sin capital ni accionistas. Ese que nos restamos cada vez que esperamos lo que no es posible.
Seríamos capaces de pagar intereses de ego antes que tener que cerrar la compuerta de nuestro embalse de amor. Ese lugar que llenamos a base de necesidad de querer, de ilusiones generadas de la nada, de espejismos de realidad y que sin encomendarnos ni a dios ni al diablo vaciamos por alguien porque sí.
Si tan sólo supiéramos cerrar esa compuerta...quizás no haría falta que existiera ningún banco del amor no correspondido. Mientras tanto, esperemos que este también lo rescaten.
Qué caro es querer en tiempo de crisis.
lunes, 28 de mayo de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
Quizás
Quizás sí que
hay que podar la rama de donde no nace nada sano.
Quizás sí que hay que dejar que quede sesgada, seca y moribunda, sin retorno alguno.
Quizás sí que hay que dejar que otras ramas verdes nazcan alrededor llenas de posibilidades e ilusión.
Quizás sí que hay que soltar, y decir adiós, y cerrar para siempre un camino que sólo nos aporta sufrimiento, que no dolor.
Y como la rama, no hay opción, o dejas que crezca la vida alrededor, o continúas pendiente de que algún día esa rama podrida reverdezca.
Pero alguien ha visto alguna vez reverdecer una rama podrida?
Quizás sí que hay que vivir.
Quizás sí que hay que morir un poco, para después vivir.
Sin muerte, no hay vida.
Quizás sí que hay que dejar que quede sesgada, seca y moribunda, sin retorno alguno.
Quizás sí que hay que dejar que otras ramas verdes nazcan alrededor llenas de posibilidades e ilusión.
Quizás sí que hay que soltar, y decir adiós, y cerrar para siempre un camino que sólo nos aporta sufrimiento, que no dolor.
Y como la rama, no hay opción, o dejas que crezca la vida alrededor, o continúas pendiente de que algún día esa rama podrida reverdezca.
Pero alguien ha visto alguna vez reverdecer una rama podrida?
Quizás sí que hay que vivir.
Quizás sí que hay que morir un poco, para después vivir.
Sin muerte, no hay vida.
martes, 24 de abril de 2012
domingo, 8 de abril de 2012
martes, 13 de marzo de 2012
Lo que no nos contaron en Caperucita
Cuando me pierdo en el bosque siento que no puedo caminar. La ansiedad y las dudas me invaden de tal modo que me sujetan fuertemente los tobillos a la tierra.
No me gusta no saber dónde estoy. No me gusta no saber a dónde voy. El verde que hasta hace un momento me parecía refrescante y lleno de vida, ahora se me representa oscuro y tenebroso. No hay caras amigas, no hay entorno conocido. Sólo hay ignorancia, desconocimiento, soledad.
Estar perdido es estar solo.
Estar solo es no querer estar.
Leí hace poco que el infierno es querer estar en algún sitio diferente al que estás. Y eso es lo que te sucede cuando estás perdido. Exiges estar en algún otro lugar donde tu mente se sienta reconfortada por el recuerdo de un olor conocido, de una música sabida, de un entorno amigo. Exiges. Y eso te hace sentirte más solo todavía. ¿A quién le exiges?.
No
hay nadie a quien dirigirte. No hay nadie a quién espetarle en la cara la mala
organización del evento. Vaya evento en el que nos han abandonado.
Sólo
cuentas con tu desconcierto, tu miedo, tu angustia, todos en reunión. El Desconcierto es un personaje de circo. Lleva la cara pintada de blanco y una sonrisa de payaso forzada. Es el que a buenas te cae en gracia y a malas es de todo menos gracioso. Las circunstancias determinan lo que piensas de él. Tiene doblez, es irónico. Le gusta verte la cara que se te queda cuando lo ves. Disfruta con ello. Hay veces que te ríes con él. Otras no puedes y lo querrías matar. Pero él se ríe igual.
El Miedo es gris. Luce una cabellera negra que le medio tapa la cara y tiene los hombros curvados hacia adelante. Sabe mejor que nadie de qué pie cojeas porque lleva mucho tiempo caminando contigo. Su cayado y su larga túnica hasta los pies siempre están dispuestos a seguirte. No hay manera de perderlo de vista así que la única solución es mantener una buena conversación con él. Es listo y tiene paciencia. Sabe que suele ganar la partida, sólo ha de conseguir que cayes.
La Angustia es una anciana de cuento. Verruga con nariz aguileña. Cuerpo enjuto y retorcido que no conoció nunca la verticalidad. Pasea con su manzana roja en mano ofreciéndote siempre alimento. Alimento podrido. A veces te coge por detrás de sorpresa y te oprime fuertemente el pecho y no puedes respirar. Dejas de hablar, te empequeñeces hacia dentro, y das la lucha por perdida. Sólo cabe esperar, más tarde o más temprano se cansa de apretar.
La soledad es estar perdido con ellos en el bosque esperando que alguien te venga a salvar.
Enciendes un fuego, les das de cenar, conversas con ellos. Que no se les ocurra abandonarte también. Qué suerte tienen de haberte encontrado. Sólo se quedan si los cuidas y alimentas y a ti se te dan bien ambas cosas.
Y cuando se han ido a dormir, y ya sólo quedan las brasas medio apagadas, y parece que ha llegado la calma, empiezas a soñar.
Parece que se oyen los cascos de un caballo al galope. ¿Quién será? Te pones en pie sigilosamente y parece que ya puedes caminar. Te limpias el vestido, te retocas el cabello con premura, preparas tus cosas dispuesta a marchar. Los demás roncan a pierna suelta. Saben que no te irás.
La Ilusión sale a tu encuentro. Es alta y bella. Su cabello dorado envuelve un vestido de gasa azul ligero y estiloso. Te tiende su mano delgada y elegante y te ofrece a seguirla con sus grandes ojos azules. Hace tiempo que no la veías y sientes como el corazón se te ensancha y todo vuelve a estar en su sitio. Parece que el Miedo se revuelve en su sitio pero ella te mira y todo se calma. La última vez que la seguiste con los ojos cerrado no te llevó a buen puerto, pero eso está olvidado.
Te alejas del campamento con ella, al encuentro de ese ser misterioso que viene a salvarte. Cada vez se oye más cerca el relinchar de su caballo. Sin darte cuenta avanzas a toda prisa con la Ilusión tirándote del brazo. Te falta el aliento pero el corazón bombea tan rápido que sientes que eres capaz de todo.
Ya se vislumbra. A lo lejos, entre la bruma de la madrugada una imagen imponente se acerca a todo galope. Es él. ¡Ha venido! Un caballo negro, brillante, lo ha traído hasta ti. No puede haber mayor felicidad. Sencillamente, no puede.
Unos golpes secos en tu espalda, te despiertan del sueño. Ya ha salido el sol y al Miedo le acucia el hambre. Te lo quedas mirando como si no fuera real pero empieza a hablar. Estás perdido. Te recuerda sin piedad quién manda aquí. Unas lágrimas recorren tus mejillas sin una queja. Por un momento creíste avanzar. Por un momento soñaste con que eras capaz.
Pero hoy no puedes más. Seguir así es morir a plazos. No tienes nada que perder, y esa es la única manera de ganar. Y no te levantas. Y sigues con la cabeza gacha para no mirar. Y te tapas los oídos con todas tus fuerzas para no escuchar. Tú morirás de hambre, pero ellos también. Y sientes que hay una revolución ahí fuera, que se están tirando de los pelos, que los unos se culpan a los otros por la pérdida de poder. Pero tú sigues así, con la cabeza entre las piernas y las manos en la cabeza.
De pronto dejas de oír voces. No acabas de confiar demasiado pero pruebas a destapar un oído. Y el otro. Y a levantar la cabeza lentamente. ¡No están! Sólo ves a lo lejos lo que parece una familia de titiriteros en procesión tirando de un carro. Sigues inmóvil un poco más y una sonrisa se empieza a esbozar en tu rostro.
Nunca más. Nunca más darás de comer a un desvalido payaso, a un gris sujeto y a una anciana arrugada. Nunca más.
No hay ruido de cascos ni corcel. No hay cabellera rubia ni vestido azul.
Sólo estás tú aprendiendo a vivir perdido en el bosque.
Y empiezas a caminar.
domingo, 4 de marzo de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
lunes, 16 de enero de 2012
Saliendo de mi tienda
Hoy uno de mis clientes me ha dado una auténtica lección de coaching coactivo.
Y eso sería interesante y hasta curioso si no fuera por el hecho de que yo soy su Coach. Lo único que le he podido contestar es que efectivamente, ahora ya ha entendido lo que es el coaching.
"Aún me tienes que decir si quieres correr una media maratón o sólo hacer jogging, o sea, si quieres soñar y convertir tus sueños en realidad, o sólo "ir tirando por la Diagonal"... me ha escrito.
Habráse visto!
Qué mal me ha sonado lo de ir tirando por la Diagonal. Me ha llegado gris, mediocre, aburrido, y realmente me he visto año tras año recorriendo la misma avenida sin aprendizaje posible, sin reto, sin adrenalina alguna. Ha conseguido que visualizara y viviera con una sóla imágen lo que es mi zona de confort. Y lo mejor es que, lo que he visto, no me ha gustado.
Recientemente, Albert Bosch, el aventurero catalán que ha alcanzado en solitario el Polo Sur, explicaba en La Vanguardia lo tentador que era quedarse en la tienda de campaña cuando fuera te esperan con los brazos abiertos 37 grados bajo cero. También explicaba que la mente, además de atacarte con los clásicos saboteadores del miedo y el cansancio, lo hace con recuerdos varios del todo oportunos, la familia, las comodidades...todo ello para acabar afirmando que el "confort de la tienda es un peligro".
Total, que entre uno y otro me han estropeado mi tranquilo, seguro, confortable, recorrido de una hora corriendo por la Diagonal a "trote cochinero". Y si sólo fuera eso. Porque la magia del Universo o más bien de nuestro cerebro hace que si unas neuronas recorren por una vez un camino diferente al habitual, las demás acusan recibo y no hay quien las pare. El cambio está servido.
Así que como gracias a Dios la media maratón de Formentera todavía queda lejos, he decidido hacer lo que un año de aprendizaje de coaching coactivo no ha conseguido conmigo. Iniciar este blog.
Va por tí, papá.
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